El lugar de la creatividad

Cuando vamos a desarrollar una tarea, cualquier tarea diaria que llevemos a cabo, necesitamos un lugar que permita a esa tarea desarrollarse y completarse.

Un cocinero necesita una cocina, un deportista necesita un campo de juego, un nadador una piscina y alguien que desarrolla ideas, un espacio que lo contenga y le facilite el proceso.

Uno puede imaginar, que a la hora de buscar ideas innovadoras, creativas, soluciones únicas, necesitamos una tranquilidad total, imperturbable, de soledad y reclusión, donde se puede maximizar nuestro viaje interno para lograr nuevas ideas únicas. Un rincón de paz donde el avocar horas y horas de recopilación de imágenes, experiencias y visiones las cuales apiladas, acomodadas, retorcidas y exprimidas, darán como fruto esa genialidad buscada. En ciertos casos es así, en otros no. La personalidad del / los participantes es fundamental a la hora de definir la ubicación de este lugar. Si la interacción con personas y el movimiento social continuo es lo que mejor satisface nuestras necesidades creativas, entonces una mesa de un bar o pub es un lugar posible para desarrollarnos. Por el contrario, la soledad y el silencio absoluto puede ser lo que nos motiva y deberemos satisfacer dicha necesidad en la elección del lugar.

Si bien, nuestras diferencias como personas no permiten armar un modelo único y exacto del lugar donde la creatividad explota que nos sirva a todos, si existen algunos pasos a seguir que nos permitan crear el espacio único y especial necesario para encender la creatividad.

Lo primero es definir, si el proceso creativo será llevado adelante por una sola persona, un grupo pequeño o un conjunto más importante de individuos. Desde ya que la incomodidad, la falta de espacio y el sentirse falto de un lugar propio, son limitantes severos de la creatividad, dado que estar pensando en cuanto falta para irnos del lugar donde estamos pasándola mal, nos quita tiempo de idear, sin contar que la actitud es parte fundamental del proceso. Las dimensiones físicas deben ser acordes a las necesidades de los integrantes del grupo que lo utiliza. Un espacio pequeño incomoda, uno demasiado grande, también.

Luego, debemos evaluar que tarea o resultado estamos buscando. No es lo mismo el espacio para que 3 personas diseñen un dibujo arquitectónico en papel, que el espacio requerido para lograr la maqueta a escala real de un nuevo automóvil o un nuevo paso de baile de un grupo de danza.

Un espacio unipersonal, es más fácil de conceptualizar, dado que reside en uno mismo que nos sirve y que no. Siendo solamente uno, debemos lograr encontrar esos patrones que se reiteran cuando la inspiración llega y cuando realmente podemos enfocarnos en ello, para poder tenerlos reproducidos en nuestro espacio ideal. Si notamos que al estar mirando videos de música, surgen diferentes ideas creativas en el momento, es preferible contar con algún medio de reproducción de dichos videos en nuestro espacio que nos permitan tener acceso a ella inmediatamente. Si por el contrario, funcionamos mejor en ambientes sumamente silenciosos, debemos evitarlo.

En conjunto, cada uno debe aportar dichos patrones al espacio y luego se debe buscar el equilibro donde todos pueden funcionar en conjunto sin cancelar o interferir en los patrones de nuestros compañeros.

Quien desarrolla tareas creativas, necesita medianamente un conjunto de herramientas que utilizar, el espacio que utilicemos para dicho proceso, debe facilitarlas para que no se pierda el foco de la idea por la necesidad de buscar las mismas. Donde sentarse, elementos para tomar notas, tanto rápidas y veloces como detalladas, lugar para aislarse temporalmente del grupo o del centro mismo del desarrollo de la actividad, seguridad ante interrupciones por los periodos de tiempo necesarios y deseados, hay gente que trabaja mejor y procesos que resultan mejores en reiterados bloques breves de tiempo, mientras que otros requieren más largos tiempos de compromiso y trabajo ininterrumpido, Café, alimentos, sanitarios, acondicionador de aire, por mencionar algunas de las herramientas formales e informales que pueden estar presente en nuestro espacio. Nuevamente, hay que sumar aquellas herramientas propias de la tarea a realizar, pero es importante no descartar las herramientas de confort humano.

Cuando buscamos una idea innovadora, buscamos quebrar reglas, buscamos hacer algo como nunca se hizo antes, estamos en busca de algo que aún no existe, por lo cual, un espacio dispuesto en dicha dirección, seguramente logre facilitar el proceso. Las sillas no necesariamente van alrededor de una mesa, las plantas no son siempre necesariamente verdes y las paredes no necesitan tal vez estar ahí. Cuanto más transgresor y diferente sea el espacio que utilicemos, menos restricciones iniciales nos impondremos en el proceso.

El espacio, debe tener un lugar destinado al fracaso. Saber que podemos fallar en nuestro proceso y asumirlo, nos quita una presión enorme de necesidad de éxito constante. Darse un lugar para procesar el fallar y errar, nos permite asumirlo más rápidamente y reinsertarnos enseguida en el proceso nuevamente en busca de lograr el éxito. Es necesario tomar en cuenta que se puede y seguramente, se vaya a fallar. Si uno no está dispuesto a fallar, nunca lograra nada realmente innovador.

Luego, con todo esto ya definido, hay que ponerse a trabajar sabiendo que tener este espacio ideal, igualmente no garantiza que tengamos el proceso creativo ideal. El mismo busca quitarnos de encima la mayor cantidad de problemas y limitantes, pero siempre el proceso nace de uno. Aquí incrementamos las chanes sumando disparadores y detonantes y eliminando restricciones e incomodidades.